Hay muchas cosas en este mundo que por medio de las
palabras no pueden ser expresadas. Cómo pueden explicar las palabras, los
sentimientos que brotan desde el centro de nuestras almas.
Pues, los poetas y trovadores siempre lo intentan, pero ni
las más hermosas poesías o las más sublimes coplas y melodías, satisfacen el
deseo que tienen sus almas para expresar el amor.
Amor, una palabra con la que tratamos con esfuerzos insignificantes,
definir la entrega de un alma hacia otra. Esa forma de sacrificarse y de darlo
todo por esa persona que uno ama.
El amor al que todos aspiramos, solo proviene de Dios,
porque como las escrituras lo dicen, Dios es amor, y si Dios es amor, entonces
el amor es la gracia creadora, que forma todo lo que nos rodea.
Es difícil encontrar un amor que por lo menos trate débilmente,
de parecerse a ese amor primigenio, el que sale de las entrañas del Creador.
Pero sin querer pecar de atrevido, puedo asegurar, que el
único amor que puede llegar a ser, un rayito de luz, comparado con el infinito
resplandor, del amor del Padre, es el amor de una madre.
El amor de esa mujer que entrega su alma entera, para hacer felices,
no solo a sus hijos, sino a todos los que la rodean, porque el amor no le cabe
dentro de su pecho.
Ese ser que Dios nos regala, para que nos cuide y nos demuestre,
que sin un ser humano puede entregarse de una forma tan profunda, entonces como será de
inmenso e inconmensurable el amor de Dios.
Una mujer que te lleva
en sus brazos cuando no puedes caminar, que te baña y te da de comer. Ella es
capaz de morir si es necesario para que tu estés bien.
Gracias Dios por haberme bendecido con mi madre. Infinitas gracias
por haberle dado esa capacidad para amarme a mí y a mi hermana.
Madre querida, no sabes cuánto agradezco que Dios, me haya
hecho nacer de tu vientre. Que ese mismo amoroso Padre, me haya hecho nacer
como un niño enfermizo. Porque gracias a que nací de solo 7 meses, tuve la
dicha de tenerte siempre al lado de mi cama, cuando era un recién nacido en una incubadora,
mientras me retorcía de dolores de estómago, cuando me daban fiebres de 38 gados,
cuando no toleraba los alimentos y vomitaba hasta sentirme muy débil. Siempre estuviste
a mi lado, asiéndome cosquillas, para darme ánimos, en esos momentos, en los
que yo no entendía porque me enfermaba tanto. En esos momentos en que le
pedías a la Virgen que curara a tu hijo.
Y por gracia de Dios también he podido tener hasta estos
días, a mi amada abuela, mama Quine, que me llevaba al hospital cada vez que
era necesario. Y la recuerdo junto a ti, poniendo paños de agua fresca en mi
frente, para bajar las fiebres y haciendo infusiones para mis problemas
estomacales.
Guardo en mi corazón, todos esos recuerdos. Recuerdo como si hubiera
sido ayer, que me tome esa sopa de palomas para recuperar mis fuerzas. Cuando la
oscuridad me daba miedo.
Cuando me lesioné la rodilla jugando baloncesto. Cuando se metió
la culebra en mi cama.
Esas noches en las que te despertabas continuamente, porque
yo estaba en la madrugada estudiando, para los exámenes finales.
Esa ocasión en que ya siendo mayor de edad, te preocupaste
tanto, porque no aparecía en toda la noche y nos habían detenido, por no tener
plata para un taxi, y por caminar solos a altas horas de la noche.
Cuando me pasó aquel accidente, a altas horas de la noche y
me acompañaste al hospital el Vigía y fuiste comprensiva y no me hiciste muchas
preguntas.
Y hace ya casi dos años, que con tus oraciones me sacaste
de las tinieblas en las que estaba sumido, por la intercesión de Santa María.
En este día me gustaría estar contigo y poder abrazarte y
decirte lo importante que eres para mí, pero aunque no esté físicamente contigo, mi corazón si lo está.
Mamá te amo mucho y deseo que en este día, Dios derrame
sobre ti infinitas gracias y te mantenga con nosotros y a mama Quine, el mayor tiempo
posible, según su misericordia y voluntad.
Estas líneas se las dedico a mi querida madre y mi
abuelita, pero sé que mucha gente, no tiene o no puede ver a sus madres en este
día y de alguna forma también son para todas esas mujeres que dedican su vida,
a proteger y ayudar a crecer a sus hijos.
Que nuestro señor Jesús hoy día de la madre y de la
Inmaculada Concepción, bendiga a todas las madres de mi familia, a todas las
que considero amigas y las del mundo entero, en los cielos y la tierra.
Amen.
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