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domingo, 13 de agosto de 2017

El dolor que llevo en mi interior

El dolor que llevo en mi interior
Mi primer llamado hacia conocer a Dios fue en una jornada de meditación espiritual en mi trabajo como profesor.
Sentí que algo muy cálido entraba dentro de mí, entibiando todas las partes de mi interior que se habían enfriado, limpiando las tinieblas que invadían los rincones de mi ser.
Desde ese momento, muchas cosas que antes no me afectaban, ahora me enternecen y calan hasta lo más profundo de mí ser, hasta el punto de tener que controlar mis lágrimas a cada momento.
Todo nos parece normal y hemos perdido del temor de Dios.
En estos momentos estoy buscando lo que escribo, dentro de mi alma y lágrimas se resbalan por mi rostro.
Lloro porque mis hermanos se matan unos a otros, derraman la sangre de inocentes y no se arrepienten.
La mujer está más interesada en mostrar su cuerpo e impresionar a hombres sin valía, que en agradar a Dios y conocer un buen compañero.
Los hombres creen que entre más sexo tienen más valiosos se vuelven, y de esta forma corrompen su alma y mancillan a la que podría ser su compañera de vida.
Veo a la gente distraída consumida por las cosas de este mundo, el mundo se hace pedazos a nuestro alrededor y seguimos pensando en banalidades.
Formar una familia ya no es una prioridad, más importante es llenarnos de títulos universitarios y perseguir la riqueza, sacrificando los días que nuestro señor nos regala para ganarnos la vida eterna. Malgastando nuestra vida en cosas que para nuestro Dios no ten importancia. ¿Acaso al final le mostraremos nuestros títulos, diplomados y cuentas bancarias a Jesús?
La indiferencia es el enemigo más grande de la humanidad, ya nada nos importa.
Siento mucho miedo porque no me siento capaz de cumplir con la misión que mi Dios me ha encomendado.
No soy capaz de interpretar sus señales y me equivoco una y otra vez.
Ya fracasé tratando de rescatar un alma de las tinieblas y mi alma calló a un abismo más profundo aún del que yo pretendía sacarla, pero Dios me rescató.
Camino hacia adelante y solo te imploro señor que no me abandones y me guíes por la senda que elegiste para mí, inspírame y has que hable a través de mí, tu espíritu santo.
Me entrego por completo a tu voluntad, enséñame cual es la vocación con la que debo servirte Padre mío.
Ayúdame transformar el corazón de mis hermanos, no quiero que mi alma ni la de mis hermanos caiga en las tinieblas eternas.
Temo por los jóvenes, los adultos no les estamos enseñando lo que es el amor de Dios.
Están inmersos en la inmundicia de este mundo en decadencia y todas las cosas que corrompen el alma. Muchísimos jovencitos ven normales todas las inmundicias.
Hay de mis hermanitos menores, si no tienen una buena guía se despeñaran a la oscuridad.
Hay de mis hermanos padres si no trabajan duro por cuidar de los pequeños que Dios les confió.
Los dolores del fin de los tiempos ya han comenzado y todavía la gran mayoría no creen en el fin. ¿Qué más tenemos que ver para creer?
Hay amados hermanos míos, que será de nosotros cuando nuestro amado y buen Jesús nos venga a juzgar y tengamos que rendir cuentas de toda nuestra maldad.







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